En su libro “El mundo de ayer” Stefan Zweig describía con nostalgia la Viena de antes de la primera gran guerra europea. Hablaba de un mundo ordenado, seguro, próspero, con una gran cultura y una juventud creativa, con altas expresiones en el arte. ¿Qué era lo que sostenía aquel mundo feliz? Zweig afirmaba que el sostén era la fe en el progreso ininterrumpido e imparable que tenía para aquel siglo la fuerza de una verdadera religión cuyo evangelio parecía irrefutablemente probado por los nuevos milagros que diariamente ofrecían la ciencia y la técnica. Después de las dos guerras que arrasaron aquel mundo que se creía feliz, la fe en el progreso renació y tuvo una expresión peculiar en América Latina. El pensamiento del desarrollo que orientó gran parte de las políticas y las ilusiones en muchos países de esta región del mundo era una versión vernácula de la idea del progreso y también buscó tener como palancas la ciencia y la tecnología.
Mario Albornoz
domingo, 4 de octubre de 2026
domingo, 9 de agosto de 2026
Decíamos ayer
De vuelta a su cátedra de la Universidad de Salamanca después de una larga interrupción, se atribuye al fraile y escritor Luis de León haber comenzado su clase con una frase que se hizo célebre: “Como decíamos ayer”. Algunas cuestiones circunstanciales me obligaron a suspender por un tiempo este blog al que ahora retorno y siento la tentación de hacerlo también diciendo “decíamos ayer”. Entre aquellas “cuestiones circunstanciales” a las que acabo de hacer referencia se encuentran el asombro y el desánimo que me provocan las decisiones del actual gobierno en materia de ciencia y tecnología. Yo pensaba que en estos temas lo había visto casi todo y me gustaba repetir como León Felipe que “me sé todos los cuentos”. Pero no era así. No conocía el modelo de política científica que considera a los investigadores y a los docentes universitarios como parte de la casta y últimamente como posibles terroristas. Me cuesta tanto acostumbrarme a los excesos de lenguaje, que una primera reacción ha sido la de enmudecer. Discutir es cambiar ideas y no encuentro ideas que me permitan dialogar en el escenario en el que se desenvuelven las instituciones científicas, tecnológicas y universitarias en la actualidad.
Un impulso reactivo me decidió a volver a escribir, aunque no sobre la coyuntura, sino sobre aspectos racionales de los procesos de toma de decisiones en este campo y sobre tendencias que surgen de las innovaciones más recientes. Mi amiga y colega, la Dra. Carina Cortassa me sugirió que actualizara un viejo texto mío sobre evaluación en ciencia y tecnología. Me agradó la idea porque la evaluación es un aspecto esencial de un sano proceso de toma de decisiones. Finalmente presentaré el texto en tres entregas. Una primera, referida a la cuestión de por qué evaluar la ciencia y la tecnología, en la que haré referencia a los fundamentos, criterios y procesos, tendiendo a explicar por qué la evaluación es un componente central de las políticas y cómo se estructura. La siguiente entrada se referirá a la cuestión de cómo se evalúa, es decir los procedimientos y las herramientas de la evaluación científica y tecnológica. También haré referencia a los indicadores de ciencia y tecnología. La tercera y última entrada estará referida a los nuevos desafíos, en particular los que surgen de la aplicación de la inteligencia artificial. Es posible que este ejercicio abra nuevos senderos para seguir explorando en los próximos meses.
sábado, 8 de agosto de 2026
Entrada 3. Indicadores e inteligencia artificial: nuevos desafíos y futuro de la evaluación
No estaba seguro de incluir un texto sobre indicadores de ciencia y tecnología en una reflexión global sobre la evaluación como la que he llevado a cabo en estas tres entregas. Decidí mantenerlo porque para evaluar instituciones y mejor aún para definir políticas y evaluar sus resultados los indicadores son el instrumento más adecuados, ya que proporcionan representaciones cuantitativas de los procesos y parámetros que definen el estado y las dinámicas de los sistemas de ciencia y tecnología. Los indicadores constituyen un elemento de diagnóstico funcional al tipo de evaluación que se pretenda realizar. Por eso, la construcción de indicadores de ciencia y tecnología conlleva, en forma inherente, una reflexión acerca de los procesos sociales por los que son generadas aquellas actividades de las que éstos dan cuenta. En otras palabras, la cuestión de los indicadores remite al desempeño de actores concretos, en determinados contextos, desde la perspectiva de formular diagnósticos orientados a la toma de decisiones, la gestión y la evaluación a nivel nacional e internacional.
viernes, 7 de agosto de 2026
Entrada 2. “Las herramientas de la evaluación científica”
Métodos de evaluación
Los métodos más difundidos para evaluar programas de I+D son la revisión de la calidad basada en el juicio de pares investigadores (peer review), a lo que ya se ha hecho referencia, además de la revisión de la relevancia (pertinencia) y el punto de referencia (benchmarking). En términos generales, los métodos de evaluación de la I+D se basan en:
a) opiniones de otros científicos de igual o mayor
reconocimiento profesional que los sujetos evaluados (juicio de pares),
b) juicios de valor de expertos en aplicaciones y
desarrollos tecnológicos, así como usuarios de los resultados de la I+D,
c) indicadores objetivos (por ejemplo, la
bibliometría) y
d) una combinación de estos sistemas.
Entrada 1: Evaluación en ciencia y la tecnología: de la calidad científica a la relevancia social
jueves, 20 de febrero de 2025
Cultura científica y ciudadana en tiempos de cambio científico acelerado
“No
science no progress” decía una pancarta levantada el pasado 7 de marzo en una
manifestación de científicos en Boston, protestando contra las políticas del
presidente Trump. Más allá del motivo que los congregaba, vinculado con rasgos
xenófobos del actual gobierno estadounidense, la idea de que sin ciencia no hay
progreso tiene más fuerza que en otros momentos históricos. La ciencia es el
motor de la prosperidad, afirman quienes revisan los avances en salud, energía,
información, comunicación y muchos otros campos. Pero en el caso de la manifestación en Boston,
los investigadores actuaban como todos los colectivos que reclaman derechos:
manifestándose públicamente. Es decir, como ciudadanos que buscan apoyos en la
opinión pública. Esta pequeña historia sintetiza las dos caras de la relación
entre la ciencia y la sociedad: sin ciencia no hay progreso y sin progreso
social no hay ciencia. El progreso social a su vez demanda conocimientos y
valores por parte de los ciudadanos a fin de que comprendan lo básico de los
avances de la ciencia y la tecnología, así como de sus efectos benéficos y sus
riesgos. Es decir, una cultura científica.
